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(un epílogo para yojimbo, 1961, de akira kurosawa)

el año debe ser 1412,
el año de la hambruna
(como todos los años),
tiempo de terremotos
(como todos los tiempos):
japón es un rebaño de ciudades en guerra.

sin dirección, sin amo,
libre de lealtad,
de odio, de esperanzas, de recelo,
retirado en la paz de estas llanuras
un hombre cuyo nombre significa
“el campo de moreras de treinta años”
exonera su espada,
la confina a un rincón ornamental
de la casa vacía
en una despedida sin palabras.

luego sale y se sienta sobre el pasto.
los pájaros:
perdidos en el cielo inacabable;
la nube a la deriva: un ocio puro.
frente a él, la montaña verdinegra.
se diría que está solo en el mundo.
pasan días.
el hambre le carcome la garganta,
pero él guarda silencio. ya se libra
de esa diablura: los recuerdos.
y luego, poco a poco,
de todo lo demás.

en el último cuadro
pronuncia estas palabras
(o yo quiero pensar que las pronuncia):
“infatigables, la montaña y yo
nos vemos uno al otro. pero ella permanece.”

* * *

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arp & anthony moore : spinette

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