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nos siguieron lobos entonces: enormes lobos de ojos amarillos: trotaban a pie seguro, ligero, o se sentaban en el calor tembloroso cuando nosotros hacíamos una pausa al mediodía; se movían con sigilo, con calma, con el hocico pegado a la tierra; en la noche les cambiaban los ojos, se les ponían rojos, y parpadeaban en la orilla del círculo de la luz de la fogata; y en la madrugada fría cuando volvíamos a andar oíamos sus gruñidos y oíamos el tronido de su boca atrás de nosotros mientras se repartían el botín de nuestros desperdicios.

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premier rang : les corps humides

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  1. la imagen: haw-lin.


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