

ahora que lo pienso no sé de dónde viene
mi obsesión con las manos –no las manos reales:
manos de maniquí, manos de estatua,
con los dedos perfectos, las uñas esmaltadas,
parece que se tienden,
como un par de repuesto de otro mundo,
para dar una ayuda metafísica.
una vez, en la calle, un vendedor tenía
un despliegue de miembros
artificiales
sobre una sábana,
y le compré una mano.
¡me encantaba esa mano! la tomaba en la mía
cuando estábamos solos.
le daba un toquecito surrealista a la sala.
pero luego vinieron personas de la chamba
a tomarse unas copas. me robaron la mano.
les llamé por teléfono: “devuélvanme mi mano.”
al principio se rieron, pero luego aceptaron.
no volvió a ser lo mismo. la veía diferente.
“¿dónde has estado?”
* * *
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christopher komeda : rosemary’s baby