el bóiler de petróleo cobra vida
abrupto, soñoliento, como el puntual colapso
de un árbol aserrado, y yo los imagino
en días de verano –eso debe haber sido–,
aquel lugar, ahora que lo pienso,
pudo haber sido Grove Hill cuando tenía robles,
donde muchos domingos nos quedábamos viendo,
con flores de jacinto hasta las pantorrillas,
los cuatro capiteles de Magherafelt en la distancia.
es muy tarde, qué lástima, para esa cita exacta
sobre un amor probado por la mirada fija
no en los ojos del otro –sino al frente.
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romica puceanu : erau zarazarii-nfloriti (cuando el durazno florecía)
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