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Category Archives: back to mine




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wim mertens : iris

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[fotos: georges rousse]

 

y bien: el mundo está en las ruinas mientras nado. cuándo debí morir me he preguntado. dónde debimos casarnos. en kurama o en yakushima, en la cresta de cedros milenarios. o en ese barecito de kioto donde vimos a una geisha como si fuera la única mujer posible. nuestra juventud. también pudo ser en el nozomi, cuando mil millones de kilómetros por hora no pudieron contra nuestras poderosas moléculas purísimas. estuve a punto de hacerlo, pero no sé cuándo. o en tu cumpleaños. o después de tomartesa foto en akihabara, tú tan saturada de luces y gritos y juguetes chinos, pero siempre sonriente. no sé cuándo. he olvidado tantas cosas. ojalá vieras el peso desas cuatro palabras: he olvidado tantas cosas. quizá, también, pudo ser la noche previa a la migraña, mientras dormías a dos metros de mi trabajo, de mis lecturas. quizá debí susurrarlo y habrías soñado con todos los viajes que faltaban. qué dejamos en japón: ¿qué fue? ese sueño habría terminado en nuestra muerte, la que imaginaste para nosotros: ancianos, abrazados y dormidos. y abrir los ojos, jóvenes de nuevo, frente al oficial de aduanas del aeropuerto de narita, ese gran tipo que nos dijo bienvenidos. tengan un buen viaje.

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julianna barwick : never change

Ya no recuerdo bien todo lo que comimos
pero algo habrá colado la memoria.
Cuando llegamos, sobrios,
un esclavo nos dijo que primero pisáramos
la casa con el pie derecho (pobre ingenuo)
y a la derecha de la puerta vimos
la frase cave canem: cuidado con el perro.
Detrás de las columnas meaba Trimalción
–divertido y caliente,
dispendioso y poeta,
ya que, como sabemos, la poesía
suele enchaparse en oro–
en una bacinica que sostenía un eunuco;
cuando acabó chasqueó los dedos y otro esclavo,
desnudo y delgadísimo, duro como una piedra,
trajo una jicarita con agua; Trimalción
lavó en ella las puntas de sus dedos,
que secó en el cabello de aquel chico.
Pasamos por los baños calientes, por los fríos;
alcancé a ver detrás de otra cortina
que un niño perfumaba a Trimalción;
nos sentamos por fin y otros esclavos
alejandrinos
vinieron a tirarse al pie de los sillones
y cantando una estrofa de Píndaro de Tebas
nos limpiaron los pies, los callos, los padrastros.
¡Qué bonito detalle! ¡Qué digna habilidad!
Entonces el banquete:
de entrada un bandejón de bronce de Corinto
y en él olivas blancas: collar hecho de espuma,
y olivas negras: óvalos de noche sobre el bronce;
encima, lironcillos con miel y adormidera;
en parrilla de plata: salchichones calientes
y, debajo, ciruelas y granadas de Siria;
más: en una gallina de madera
huevos crudos de pava –el mío a punto
de convertirse en pollo: una pluma, la náusea–;
con forma de zodiaco otra bandeja:
garbanzo crudo, res, criadillas y riñones,
higo africano, vulva de cochina,
tarta, pastel, lamprea, mújol, ánsar,
langosta, pececillos en salsa de pimienta…
Un gigante africano levantó la bandeja:
aves cebadas, dos ubres de puerca,
una liebre emplumada: ¡pegaso diminuto!
Los esclavos egipcios repartían el pan
de una charola; los alejandrinos,
el vino color teja. Y Trimalción hablaba
de sus anillos de ámbar, del zodiaco
y de su signo: cáncer –una hora llevaba
la comida y el hombre ya estaba borrachísimo.
(Yo también: ese vino era invencible.)
Junto a mí estaba un tipo cuyo nombre he olvidado.
Un chismoso. Decía, entre otras cosas,
que a su esposo Trimalción
Fortunata se lo trae
cacheteando las banquetas,
que la doña dice rana
y el señor agarra y salta:
“La señora es una puta;
vaya usté, amigo, a saber
lo que hará con sus esclavos
si la vieron la otra vez
¡sabroseándose a un caballo!”
El vino no paraba. Entonces los sirvientes
–¿cuántos hay en la casa? ¿cien? ¿doscientos?–
pusieron una alfombra con motivos de caza
(“Estávase la Efesia caçadora
dando en aljófar el sudor al vaño,
en la estación ardiente, quando el año
con los rayos del Sol el Perro dora”);
afuera del salón: un clamor de ladridos
y pronto una jauría de perros de Laconia
corría y olisqueaba aquella alfombra.
Detrás de ellos venía una bandeja
cargada por dos negros retocados de aceite
y allí una jabalina engalanada:
en los colmillos dos bolsas tejidas
y rellenas de dátiles,
un sombrero ridículo de parras
y en las ubres: puerquitos hojaldrados
por siempre detenidos en el acto
de mamar esas tetas prodigiosas
(más tarde nos los dieron de regalo).
Un esclavo barbón se acercó entonces,
un cuchillo de caza en la derecha y
le hirió un flanco a la bestia: de ese hoyo repelente
–perdona el adjetivo, me revolvió el estómago–
volaron pajarillos:
gorriones o pichones
que otros cazadores capturaron
y repartieron a los comensales.
Yo nunca había visto nada así.
Y mientras los esclavos servían la jabalina
(mi porción: una rebanada rosa
de nalga grasosísima con uvas
y un sextario de vino)
Trimalción tropezándose fue al baño.
Vi a Dama frente a mí, también hasta la madre,
que decía arrastrando las erres: ora sí
se me trrrepó, cabrrróns, vinus mihi in cerebrrrrrum
abiit, ayaya-yay, y Seleuco a su lado
oliéndose el sobaco y el aliento
informaba algo así:
“No me gusta bañarme, ¡se me enfría la cola!”,
y se carcajeaba.

Regresó Trimalción y aquella borrachera
se había ido al carajo. Un chico declamaba
sobre penes parados y vaginas abiertas
como puertas oscuras. Trimalción se asomó
levantado la copa y dijo amigos
pasad a los retretes, que no existe
peor tormento que aguantarse un pedo
y luego se agachó
para meterle mano a un niño mientras éste
acariciaba a un perro minúsculo y horrible.
A gritos ordenó que le trajeran
puerco asado y cordero en cacerola
y más vino sin agua y también a un perro,
cretano pura sangre, feroz, negro
como un lobo, los hombros fuertes como león,
y riéndose exigió que aquella fiera
atacara al perrito que el chiquillo
con miedo acariciaba todavía.
Entonces hubo ruido de colmillos,
huesos rotos y gritos casi humanos,
hubo el llanto del niño y el por qué
gritado a nadie nunca y el porqué
sin respuesta posible y el silencio
y los gritos del niño “¡no no NO!”
Nos quedamos callados.
Al perro le tomó treinta segundos
dejar la bestiecilla vuelta un trapo de sangre,
una sílaba necia
de tripas y de sangre.
Y el silencio duró también treinta segundos,
porque alguien se dio cuenta
de que el lechón, ¡vergüenza!, no estaba deshuesado,
Entonces Trimalción mandó llamar al chef.
Ya no me acuerdo qué castigo le tocó
pero recuerdo al pobre cocinero
hincado y suplicándole a su amo
perdón perdón perdón.

Lo siguiente es borroso.
Podría resumirlo de esta forma.
Esclavos aun más jóvenes vinieron a lavarnos,
a mí un chico egipcio,
que me limpiaba mientras
yo le tocaba el ano con el dedo,
pequeño premio hermoso y secreto,
y el que estaba sentado junto a mí
me decía: “¿Ves ese que está echado en
el sillón del liberto?
Fue enterrador. Comía como rey.
Jabalíes cerdosos, aves, vacas,
repostería fina,
comía cocineros, panaderos.
Más vino el güey dejaba caer bajo la mesa
que lo que muchos tienen en sus cavas.
Era una fantasía: no era un hombre.”
Era una fantasía. No era un hombre.
¡Que pudiera decirse eso de mí!
Pero no he sido pobre o rico (ni en el gesto),
no he comido cual rey ni he derramado el vino,
no he sido generoso ni tacaño,
he sido nada más este tipo sentado en el banquete.
Pensé en el perro muerto entonces,
en el grito del niño,
pensé en nuestro silencio, en Trimalción,
ciego de amor, de alcohol y Fortunata,
pensé en el cocinero, de rodillas,
pensé en el chico egipcio con mi dedo en el ano
y en mí cuando era niño en Egipto también.
Después el tipo aquel me dijo algo del vino,
que era del tiempo del cónsul Opimio,
y me puse a pensar en otras cosas.

* * *
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fielded : demon seed

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antiguo amigo equivocado, amigo
que estoy viendo asomado a la ventana
de la calvicie, gran vizir de un rey
más bien maltrecho, vieja fortaleza
siempre en reparación, se acerca el día
de entregarle las llaves al conserje,
el día de borrarnos de la lista
de contactos del facebook de este mundo.
saco de panes, bolsa de comida,
saltapatrás, hermano, confundiste
libertad con libertinaje, y mírate:
en las fotos te ves de la chingada.
qué le vamos a hacer, caballo o burro
que me llevas cargando cuatro décadas,
¿renovamos los votos (“cuerpo y alma”)
que hicimos en la panza de tu madre?
yo sé que muchas veces me has cachado
pensando en darte cuello y yo a mi vez
te he visto a ti queriendo darlas, harto
del domingo y del lunes igualmente.
pero es momento (again) de decidir:
¿nos separamos? call it quits? ¿o te echas
otra vuelta entre brooklyn y el df,
otra vuelta a la noria de la vida,
otra vuelta al amor y a la flojera
y a la dicha y al odio, que es modesto,
y al trabajo y al bar y a las películas
y al poema que no voy a escribir?
yo digo sí. tú aguanta. eres mi gallo.

* * *

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manolo escobar : moderno pero español

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[fuentes]

maduro está el melón,
amarillo, picado
de abejas, suave, junto
al fregadero. per-
fuma la casa dul-
cemente. me despierto
a las 5 y el aire
en su quietud está
afligido. los ojos
de mi esposa, tranquilos,
nadan bajo los párpados,
su boca, su quijada:
relajadas, distintas.
¿qué pasa en el silencio
de esta casa? pesadas
las cortinas, pendientes
del cortinero. bajo
mis pasos tiemblan hojas
del ficus –pero afuera
los colores: perfectos:
naranja del geranio,
azul lobelia. voy
de un cuarto a otro como
un hombre en un museo:
esposa, niños, libros,
flores, melón y el aire
¡qué quietud! en un rato
la brisa matutina
vendrá flotando como
agua tibia primero,
agua caliente luego.
¿cómo empiezo este día
yo, que no estoy seguro
de cómo ha sucedido
esta vida, de cómo
debo avanzar en medio
de esta dulzura tibia y regular?

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fuzzy lights : obscura

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[fuentes]

1. unkle feat. nick cave : money and run

2. the weeknd : glass table girls



la ciudad se despierta temprano este sábado, mucho antes que amanezca, aburrida, en medio de los escombros de sí misma. ¿salimos o nos quedamos?

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hoagie carmichael : stardust

la forma de tu cuerpo

huella (de tu cuerpo la). está en la cama: se alarga suavemente desde la almohada, se ahonda a la altura de tu culo y luego se pierde con tus pantorrillas y tus pies. me masturbo junto a ella y si volteo alcanzo a oler tu pelo. el olor ya habrá desaparecido para el miércoles y la huella al rato, cuando la cama esté tendida, no será más. por ahora el sol se asoma a tu huella como se asoma al mundo, a sesenta minutos por hora, en este lunes dominical. lula se sube a la cama y huele tu huella, da vueltas sobre el eje que es la forma de tu hombro y me mira como si quisiera preguntarme algo; yo mientras quiero romper el abismo irrompible que me separa de ella y consolarla con una convicción que no tengo: “va a volver.”

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florence + the machine : you’ve got the love (the xx remix)

{hat tip}

h16_33

seguimos leyendo a shakespeare & hroswitha (falso). estamos armando un nuevo blog (falso). estamos en starbux masticando un sándwich (medianamente falso: namás nos alcanzó para el café). estamos ocupados (niet). trabajamos en lo que más nos gusta (falsísimo). planeamos un mega post que cancele todos los anteriores de una vez por todas con genio (jeje). sabemos lo que hacemos (esto sí es cierto): nada. qué suerte, eso sí: soda·verde nos mandó un mixito.

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soda·verde : aeon · my baby boy

mi ídolo policromo
te dije entonces

no podemos ir al japón
ven a méxico!
en su altiplano
florece el tulipán
las lïanas, tentáculos, cabellera del sol!
la paleta, los pinceles,
colores que ensordecen como un gong:
allá estuvo rousseau
allá alumbró su vida
————————-en
la tierra de los pájaros
del ave lira, del ave del paraíso,
del tucán y el tzentzontle,
del colibrí que anida en la azucena negra
ven!
nos amaremos bajo un alto grito amarillo
entre las ruinas perpendiculares de un templo azteca
ven, tú serás mi ídolo
ídolo policromo infantil un poco feo
caprichoso extrañísimo
————————anda, ven!

y respondiste bueno: voy contigo.

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firmine richard : pour ne pas vivre seul

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